Siete días geniales que nos íbamos mereciendo. Llevamos como 3 años tratando de hacer algo en Verano, pero salvo la escapada de 3 días a Madrid en plan express de Junio del año pasado, entre una cosa y otra siempre se nos tuerce. Este año había que hacerlo. Sobre todo por María, que la pobre se ha llevado desde Junio sin parar apenas ni los fines de semana.
Así y todo hasta el último momento, cuando ya frente a la puerta de embarque apagamos los móviles, no estábamos del todo seguros. Los imprevistos surgen de la nada, y pasamos los dos días previos al vuelo en tensión, pendientes de una llamada cargada con fatídicas noticias. Pero por suerte, las cosas cambiaron a mejor, casi se solucionaron, y nos atrevimos a salir para Barcelona. No sin dudas, y temiendo que desgraciadamente tuviéramos que volvernos.

El vuelo… bueno, yo lo pasé bastante bien, pero María… En fin, tuvimos unas bruscas turbulencias durante el camino de ida. Y la vuelta estuvo muy bien hasta que sobrevolamos Sevilla durante un largo trecho antes de terminar de aterrizar… trecho que no destacó por ser suave. Con lo que ella no se ha llevado un bonito recuerdo del vuelo.
El primer día lo echamos a medias en casa de mis primos. Echando una siestecita medio-reparadora, dando una vuelta por su pueblo, Vilanova, tomando unos deliciosos crêpes con dulce de leche (nos hemos puesto de dulce de leche en todo el viaje hasta la bandera)… Y a la noche, sobre las 21, cogimos el tren de vuelta a Barcelona, a la estación de El Clot, donde ya nos esperaban Nadia y Rodrigo. Teníamos ganas de conocerlos al fin. Además, es que realmente la idea de irnos a Barcelona a pasar unos días parte de las ganas que tenían ellos de que subiéramos a su casa, y así poder al fin conocer a la pandilla; el grupo de amigos que ahora formamos la hermandad
Elites Templarias en el
Reino de Los Errantes del
World of Warcraft. Ya llevamos algún tiempo jugando juntos, y si bien no nos conocemos casi ninguno en persona, hablamos largo y tendido por el
Ventrilo (el programa de comunicación online que usamos). Había muchas ganas de reunirnos…
Lógicamente aún falta mucha gente por conocer que realmente vale la pena. Pero sí que es cierto que los que nos reunimos el sábado por la noche somos los que más tiempo llevamos juntos, que muchas veces se han reunido en Barcelona de cena, pero que por la distancia no hemos podido ir.
Antes de nada, añadir también que ellos dos viven en un piso compartido con un mexicano, Edu. Un gran chaval, con el que congeniamos desde el principio. No juega al
WoW (aún, jajaja), así que imaginate convivir con ellos dos, añadiendo que los amigos de ellos tambien juegan… jajajaja. Ya está acostumbrado a escuchar las conversaciones, que casi siempre derivan en el juego, sin terminar de entenderlo todo ;). Realmente es una gran persona, hay que decirlo.
Desde el jueves hasta el lunes estuvimos en casa de ellos. Nos llevaron a ver
el Parque Güell,
la Sagrada Familia,
el barrio gótico,
el Museo de Cera (personalmente opino que podría estar muchísimo mejor),
la Catedral de Barcelona,
las Fuentes del Montjuïc,
Rambla de Barcelona,
la casa de La Pedrera… desayunamos en un
Dunkin Donuts (mira que nunca me gustaron los donuts… pero ¡¡qué buenos están los del Dunkin!!)…
El jueves acabamos reventados de vuelta del
Parque Güell, y quedamos con
Robiless (Roberto). Qué personaje, y qué gran tipo. Nos llevó a almorzar a un chino muy bueno. Aquí conocimos a Edu también. Nos pusimos las botas. Creo que es el mejor chino en el que he comido. Lo mejor, cuando el chino nos trae unas toallas calientes, aromáticas, para lavarnos las manos después de comer… eso no lo habíamos visto María y yo NUNCA. De vuelta en casa, no pudimos evitarlo… al fin y al cabo nosotros nos habíamos llevado los portátiles por si las moscas… Nos pusimos los cuatro a echarnos una partida al
WoW, jajaja. Qué bueno. Pude ver al
Caballero de la Muerte en acción… es brutísimo… La expansión está genial, estoy deseando que salga. Y de cena, unos pancakes que nos preparó Edu. En mi pueblo son tortitas americanas, pero según Edu no tienen nada que ver xD. Proseguimos jugando largo rato.

El viernes Nadia trabajaba. Estuvimos con Rodrigo por ahí viendo cosas. El almuerzo lo hicimos los 4 en un restaurante cercano al trabajo de ella. Entonces les propusimos cenar fuera, que nosotros invitábamos, y que ellos decidieran el sitio. Por unanimidad: el chileno. Rodrigo me había estado poniendo los dientes largos acerca de una carne que preparan en Chile:
entrañas de ternera a lo pobre. Y no le faltaba razón. Los dos nos pedimos un plato, María una ensalada, y Nadia un pastel de patata y carne. Y de entrantes, unas empanadas.
Qué carne más buena, jugosa… ¡qué delicia! No os dejéis engañar por el nombre. Esta carne se halla entre las costillas y los pulmones, y nada tiene que ver con las vísceras. Y es dificil de encontrar en las carnicerías, salvo que sea por encargo. Cosa más buena… De bebida también probé algo típico, el sorbete de
pisco sour. No recuerdo exáctamente lo que lleva, salvo que entre los ingredientes estaba el limón. Y su sabor me recuerda al del limonchelo italiano. Está realmente muy bueno. Volvimos a ponernos las botas… Como detalle, comentar que cada uno de los platos de entrañas salió por 15€.
El sábado habíamos quedado con
Robi para ir al
Camp Nou, y a patinar sobre hielo. Pero no podía. Así que nos fuímos dando un paseo a un Centro Comercial cercano a la
Gran Vía y a las oficinas de Rodrigo. No quedaba muy lejos a pata. Almorzamos en un
Cantina Chapata, nos tomamos el postre en una zumería (preparan unos zumos riquísimos y fresquitos), y dimos una vuelta viendo tiendas. Buscando un par de libros, el Barakaldo DF de Mägo de Öz, un par de pelis… no tuvimos mucho éxito. Salvo en el
Media Markt, que Nadia encontró la bolsa que buscaba para la aspiradora, y yo una alfombrilla del
WoW xD (lo mejor fue el precio: 2€!!). Por último, pasamos por el supermercado a comprar la cena. Rodrigo iba a preparar una carne. Aún no sospechaba lo que andaban tramando los tres… a pesar de que casi lo estaban haciendo en to’ mi cara jajaja.
De vuelta en casa, como frikis que somos volvimos a engancharnos en unas partiditas xD. Y yo a mi rollo, sin darme cuenta de que conspiraban
contra mí. Cuando me vine a dar cuenta, estaban los tres en la cocina…
no, es que estaba quedándome con la receta de la carne de Rodrigo me dijo tranquilamente María.
A esto que llaman a la puerta. Yo seguía sentado jugango y…. anda… pero…
¡SI ES DONQUIJANO! Menuda sorpresa, jajaja. El maestro de nuestra anterior hermandad, de aquellos que llevamos más tiempo juntos en la
Elites Templarias (salvo María que cuando entró ya se había fundado
Elites). Digamos, el mentor de todos. Le acompañaban su novia, una chica coreana que apenas entiende el español, Fernando, al que reconocí de algunas fotos: maestro de una de las hermandades de la horda más importantes en el servidor de
Los Errantes, y
Robiless.
Empezaba a olerme a chamusquina…
Y ya dí por hecho que algo pasaba cuando la siguiente vez que llamaron a la puerta entraron
Broulik (Enriq),
Damatta (Christian) y su novia, y
Txemas (Chemita)… Qué alegría me dió verlos. Menudo sorpresón. No me lo esperaba, porque todo el tiempo, Rodrigo y Nadia me habían estado diciendo
se pasarán por aquí el domingo, me parece, pero no se.
Fué una noche
épica. La carne estaba buenísima y el brazo gitano de dulce de leche ni te cuento (después de todo Rodrigo sí que cocina tan bien como nos decía). Con frecuentes
tanqueos a Gruul, Magtheridon y la botella de Lambrusco. Incluso, avanzada la noche, se hablaba de hacer un acercamiento a
Templo Oscuro… xD. Conversar en
tono WoW-super-friki con tus colegas de hermandad no tiene precio jajaja. Bueno, por supuesto tanto tanqueo tendría su recompensa: poco a poco,
Txemas fue revelando mi
botín con mucho mucho misterio. Un
Chamán, un
Cazador, y por último una preciosa
réplica de la Honda de Pedrosa (er joio acertó de lleno conmigo).

Desde aquí
MIL GRACIAS por esa peazo’ de noche.
¡Un cumpleaños que jamás olvidaré!
Nadia, Rodrigo, Edu, María y yo nos quedamos en casa. Los demás siguieron la fiesta por su cuenta. Nosotros caímos rendidos en la cama. El domingo por la mañana se nos pegaron las sábanas, y como
Robi tampoco iba a poder llevarnos al
Camp Nou y a patinar, nos quedamos en casa viendo la F1. Lo que viene siendo un domingo de flojeo propiamente dicho.
A la tarde, muy muy a la tarde, como despues de una siestecita, salimos a dar una vueltecita por Barcelona. Estuvimos por
el barrio gótico, por
la Rambla; vimos
el Museo de Cera y un bar que hay justo enfrente,
El Bosc de las Fades, que es guapísimo, como un bosque de cuento de hadas por dentro. Pero no nos tomamos nada porque estaba a rebosar. Nos tomamos unos crêpes frente al
Aquarium, y tiramos a ver el famoso espectáculo de
las Fuentes de Montjüic: una verdadera maravilla de luz, agua y música que merece la pena ver. Acabamos la noche cenando en un
Chicken Fries (la próxima vez me pido pollo en vez de hamburguesa =P).
El lunes amanecimos temprano. Queríamos volver a Barcelona, aprovechar que aún estábamos por allí porque cuando volviéramos a casa de mis primos para estar con ellos los últimos días, estaríamos a una hora en tren y es un coñazo. Sin duda, este fue el día más agotador.
Como decía, salimos temprano para Barcelona. Dirección
la Rambla. Buscamos un
Dunkin Donuts, pero como no dábamos con ninguno, acabamos desayunando en un bar con aspecto de
bar de barrio… pero en el que nos clavaron un
puazo del 50 por lo menos. Qué caro es desayunar en la Rambla po’ favo’… Pero también nos pusimos las botas con sendas tostadas con jamón, que to’ hay que decirlo. Y del bar al
Museo Marítimo.
Yo lo había visitado hará como 10 años ahora, cuando estuve de excursión con el colegio, y tenía mucho empeño en volver a verlo. Compramos las entradas con, se suponía, derecho a visitar la estatua de Colón por dentro. Luego, cuando fuímos a subir al Colón nos dijeron que nos habían dado la entrada normal. Total, con el carné joven nos había salido por muy muy poco la entrada. Al caso; que dentro del Museo nos dieron unas PDA que nos iban explicando historia y detalles a medida que avanzábamos. Echamos prácticamente toda la mañana dentro… qué larguísimo se hizo. Mereció la pena, sin duda, aunque casi al final ya estábamos un poco saturados de tanto barquito a la par que cansados (hubieramos vendido en ese momento nuestras espaldas). Lo más espectacular del museo, sin duda,
la reproducción a tamaño real de una antigua galera.

Salimos pegando bocaos’ a las esquinas de pura hambre y fuímos directos al
Burger King a ponernos las botas. Comimos con tranquilidad, aprovechando que podíamos estar sentados y descansar un poco antes de acercarnos al
Aquarium (también lo visité cuando la excursión). En este nos demoramos un poco menos, y también nos gustó. Especialmente a María cuando llegamos a la piscina de los pingünos, que estaba deseándolo desde que entramos (y aquí sí que nos paramos un buen rato echándoles fotos). Ella, sólo por los pingüinos ya salía feliz del
Aquarium.
Habíamos echado casi todo el día viendo ambos, y ya era hora de volver. Camino al metro, dando un paseo y viendo los puestos de la Rambla; buscando algún detallito más (en el Aquarium compramos un par de cositas para nuestros hermanos). Para cuando llegamos de vuelta, Nadia y Rodrigo ya estaban en casa, así que pudimos despedirnos de ellos antes de ir a coger el tren a Vilanova. Lástima que no pudimos ver a Edu.
Cenamos con mis primos (mis tíos llegarían por la madrugada), y estuvimos hablando y haciendo planes para el martes. En el aire estaba la idea de ir a
Port Aventura, o volver a Barcelona para ver la
Catedral del Mar, el
Camp Nou y alguna cosilla más. Pero… a la mañana siguiente sonó el despertador, lo apagamos… y nos quedamos dormidos hasta las 11 o así… jajajajaja. Así que la mañana del martes la pasamos con mucha tranquilidad. Vimos al fin a mis tíos, almorzamos, y nos dimos un pequeño descanso antes de ir a Sitges con mi prima.
Un pueblo bonito este de Sitges. La enorme cantidad de homosexuales llenaba de ambiente las terrazas de los bares aún en Septiembre. Nos encantó. Pequeñito pero lleno de vida. Y dando vuelta entre calle y calle encontramos una pequeña concentración de coches clásicos, a la que hice un par de fotos. Y un
Dunkin Donuts… no pudimos resistir la tentación. Aquí compramos un pequeño detalle para mi madre en una tiendecita de antigüedades. A la vuelta nos paramos en Vilanova, buscando una tienda de regalos que conocía mi prima para comprar un detalle a mi suegro, que acabó convirtiéndose en un regalo en toda regla (estaba pendiente el de su cumpleaños). La tiendecita la regentaba una señora mayor, agradable, simpática y que charlaba por los codos. Y encontramos unos
muñecos, fabricados mayormente con tuercas y tornillos, y que retratan casi todas las profesiones. Perfectos para regalo, así que los tendremos en cuenta. Y por supuesto, no podía faltar una última visita a la crepería, donde María y yo volvimos a pedirnos un crêpe de dulce de leche (esta vez uno para los dos, que ya antes nos habíamos tomado los donuts).
Miércoles, último día en Barcelona. Amaneció gris. Preparamos las mochilas y volvimos a acercarnos a Vilanova, a la tienda de regalos, a ver si le veíamos un regalo para mi cuñado. En el último momento caímos en regalarle uno de esos muñecos de tuercas retratando al policía. Pero resultó más un sheriff que otra cosa (la misma señora nos lo dijo). Así que abandonamos la idea para más adelante, quizá para encargar el policía motorizado para navidades. Nos acercamos a un par de tiendas por si María veía una falda que andaba buscando, y me compré el Barakaldo DF de Mägo de Öz. Se acababa el viaje. Mi prima nos acercó hasta el Aeropuerto del Prat y ahí nos despedimos, con la promesa de volver pues aún nos faltó mucho de Barcelona por ver.
Almorzamos dentro del aeropuerto. Sendos bocadillos de jamón y queso. Y compramos unas chocolatinas para picotear algo en el viaje. Ya en la puerta de embarque nos trasladaron a otra puerta, donde cogimos un autobus que nos llevaría a nuestro avion. La espera se hizo interminable. Hasta que al fin embarcamos… y ¡rumbo a tierras andaluzas de nuevo! En el fondo ya teníamos ganas de volver a casa, la verdad. El viaje fue bastante más tranquilo que en la ida, así que María estuvo más relajada… hasta el aterrizaje, que fue algo movidito.
Una vez en el aeropuerto de Sevilla, que nos pareció infinitamente más pequeño que el del Prat, nos esperaban mis suegros. Aunque en un principio iba a venir David, mi cuñado, que ya estaba de regreso de Zaragoza. Vinieron en mi coche; y yo estaba deseando ponerme al volante y conducir de nuevo. Esta vez rumbo a casa.
¡Esto hay que repetirlo!
Estamos tremendamente agradecidos a Nadia, Rodrigo y Edu, principalmente, por la atención prestada, por el calor y la acogida. Realmente, si de ellos no hubiera salido, porque fueron ellos quienes nos ofrecieron su casa desde el principio, probablemente no habríamos hecho este viaje.
MIL GRACIAS por todo. Espero que podamos devolveroslo. Ya sabéis que os esperamos… en Cádiz, o quien sabe si en Madrid.
A mis primos, ni que decir tiene; especialmente a mi prima Nuria, que la pobre se pegó la paliza para recogernos y llevarnos de vuelta al aeropuerto.
Y por supuesto a toda la pandilla que se reunió el sábado por la noche, Donqui y pareja, Damatta y pareja, Broulik, Txemas, Robi y Fernando. Qué magnífica sorpresa, ¡qué gran cumpleaños!
