
Flipo con los ayuntamientos y la manía de hacer obras absurdas. Para qué hacer las cosas de una vez, si lo podemos hacer en cuatro veces y así le sacamos más dinero a todo.
Todo esto viene por lo siguiente… Hace un montón de años, tendría yo 7 u 8 años más o menos, plantaron una fuente con una estatua horrible en homenaje a un torero. La fuente, aunque pequeña, resultaba bastante espectacular; tenía un juego de luces submarinas que teñian el agua de diversos colores. Todo muy bonito. Sin embargo, y como todas las fuentes del Puerto, se olvidaron de un detalle: ¡las fuentes hay que mantenerlas!
Total, aquí estamos acostumbrados a que pongan una fuente y al cabo de un año esté hecha un verdadero asco y “jieda” a muerto que tire p’atrás.
Entre el acostumbrado nulo mantenimiento y el vandalismo, así acabó la fuente. Con el tiempo no era más un agujero en mitad de una pequeña plazoleta, con su horrible y deslustrada estatua.
Hace menos de dos años decidieron cementar la fuente. Una fuente seca, y situada donde esta lo estaba, sólo sirve para que algún crío con el juego acabe partiéndose la boca, o para que se convierta en otro nido de ratas y alimañas varias.
Y hasta ahí me parece perfecto. Es una lástima, y una vergüenza, gastar un pastizal en una fuente y dejar que se pudra, es cierto, pero al menos se han preocupado por evitar que sea un problema.
Lo que me parece un cachondeo, un reírse del pueblo, y de una poca vergüenza monumental, es que se le haya puesto en los huevos a algún listo, y hayan decidido “descementar” la fuente para volver a ponerla operativa. Manda COJONES la falta de seriedad que demuestran de esta manera el 99% de los ayuntamientos.
Pero esto es una de tantas historias en cualquier ciudad. Ahora hago una obra, y a los tres meses la levanto porque voy a meter tuberías, y a los seis meses vuelvo a levantarla porque la voy a poner de punto de cruz y su prima en bragas. Y venga a gastar dinero, y venga a “barrer p’adentro” (del bolsillo, claro).
Esto no es serio.

